La vida en San Francisco.

Por Lupita Peimbert.

Me abruman las dos, la extrema pobreza y la extrema riqueza que abundan en San Francisco y ciudades aledañas.

El muy pobre que se siente y se ve derrotado, y en el fondo y detrás de lo sucio, lo borracho y lo drogado, esconde su vergüenza y sus penas. Y el muy rico que realmente cree que es más inteligente, y que su clase pudiente y su trabajo en tech o su exitosa start up lo hacen superior; el mismo que en el fondo y detrás de sus “looks,” y su dinero y sus tarjetas, esconde la inseguridad y los retos de los que ningún ser humano se escapa, pobre o rico.

Es abrumador. Es desgastante.

San Francisco, si miras bien, es en estos días materia perfecta para artistas surrealistas, y si tratas de entender los círculos sociales en esta ciudad irreal, te vuelves loco.

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Algunos,  incluída la que escribe, prefieren un mundo más justo y más equitativo. Y al final cada quien hace lo que puede, buscando siempre el respeto entre las personas.

Como el Brother Earl, quien es el músico principal de su iglesia en Page Street, y no deja de hacer lo que le gusta. Me lo encontré tocando en el pasillo de la estación del Bart en Civic Center. El hombre, que no deja de serlo ni pierde oportunidad como muchos, aprovechó mi inocente sonrisa para lanzar el anzuelo. Es un piropo, pero ¡ay Dios! uno pensando en las clases sociales y otros en los modales de caballero.

Ya rumbo a casa, en el Bart que se va por un túnel debajo del agua, seguí pensando en las divisiones, y cómo viven los pobres y los ricos uno muy cerca del otro, como en burbujas que en cualquier momento pueden reventarse.

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Texto, video y foto de  #Lupita Peimbert y #Lupitanews. Derechos Reservados. 2015.