México: El placer de viajar sola a pesar de miedos y prejuicios.

Tepoztlán y Mazatlán

By Lupita Peimbert (Travel.)

El placer de viajar sola a pesar de miedos y prejuicios.

Sentada en el colorido restaurante del pueblo mágico, esperaba con ansias la deliciosa comida mexicana que ordené: sopa de verduras, chiles rellenos, y un flan de postre. Ya me habían traído la limonada.

En la espera, empecé a voltear a los lados, y me percaté que a mi alrededor estaba la misma escena que vi antes y que vería después, durante dos meses de viaje en la bellísima republica mexicana.

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Estaba en el restaurante Los Colorines, en Tepoztlán, ubicado en el estado de Morelos, un sitio de bellezas naturales impresionantes, y donde abundan chamanes de verdad,  y desafortunadamente algunos charlatanes.

Situado a unos minutos de Cuernavaca, junto al cerro del Tepozteco, es el sitio favorito de muchos que gustan de pasar el fin de semana renovándose con sesiones de energía o degustando los antojitos mexicanos típicos, comprando artesanías o simplemente disfrutando las bellezas naturales del lugar.

Pero volvamos a la escena del restaurante: A mi derecha, una familia de cuatro: papá, mamá y dos niños. En una esquina, una abuelita con sus hijos y nietas, enfrente de mi mesa, una parejita jovencita besándose a cada rato –y por ende contando dinero enfrente de los pobres, dirían algunos; y enseguida, contrario a las manecillas del reloj, un grupo que parecía eran compañeros de trabajo.

En otra mesa más allá, dos amigas ya cincuentonas, muy guapas por cierto, y luego en mi mesa estaba yo, solita, bonita, y sin compañía. “Ni te atrevas a coquetearle a mi marido,” parecía decirme la mamá sentada a un lado. Y luego la abuelita de otra mesa, me miró con cara de “pobrecita, solita, ¿será que nadie la quiere?”.

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E
n la cima del Tepozteco. Al fondo, otros imponentes cerros; enfrente vivió Chavela Vargas,
la famosa artista mexicana fallecida el 5 de Agosto del 2012; me tocó estar ahí cuando fallecía.

Tanto los meseros como algunos de los otros hombres, aunque muy correctos, me echaban miraditas de reojo como preguntándose ¿Y ésta qué? ¿Será muy liberal o porqué anda sola? ¿Qué anda buscando? Que conste que no estaba proyectando ni mis miedos ni mis inseguridades. No se necesita ser psicóloga para leer los gestos o percibir cuando te lanzan miradas prejuiciosas.

Con doce años de experiencia viviendo sola en California, lo que más hace uno, y a menudo con gran placer, es vivir la vida, con ó sin compañía.

La comida llegó y con ello me olvidé del asunto por el momento. Y es que, aunque el mexicano en general es hospitalario y noble, viajar sola en un país donde prevalece la cultura de grupo, no es común.

Y más aún en toda Latinoamérica, la mujer que viaja o vive sola, sea su estatus de divorciada, soltera o pasar de los 35,  puede ser vista como liviana, liberada (sinónimo de fácil). Y ello también puede aplicar al hombre, pero en su caso, no se le juzga de fácil, sino de defectuoso o raro.

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Mazatlán, ¡Ay Mi Mazatlán!

Días después, en el bello puerto de Mazatlán, Sinaloa, que por cierto está mejor que nunca y me pareció un sitio bastante seguro si uno no anda trasnochando, un mesero en el conocido Hotel Playa Mazatlán, uno de los primeros construidos en la Zona Dorada, comentó: “En diez años que llevo trabajando en este restaurante, de cada quinientos clientes solo he visto a una mujer que viene a comer sola o que se está hospedando solo porque anda de viaje o vacaciones”.

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Aunque Mazatlán, como todo puerto, es mucho más cosmopolita y hay flujo de visitantes extranjeros presuntamente más “liberados”, todavía se considera que se debe viajar en pareja, en grupo, en familia, pero no uno solo, y muchos menos una mujer sola.

“La mujer que viaja sola pues tal vez quiera tener sus aventuras que, estando lejos de su casa, pues ¿quién se entera?” Dijo también el dueño de un restaurante. Y aunque el empresario se portó de lo más cortés y agradable, cuando dijo eso no pude evitar verlo con los ojos bien abiertos, sin pestañear, apretándome los labios para no exclamar mi asombro ni expresar lo que verdaderamente pienso sobre el tema. “Qué bueno,” prosiguió “que la mujer ahora pueda también echarse sus canitas al aire, lo que el hombre ha hecho desde siempre”.

Liberados o no, fáciles o difíciles, echándose canitas al aire o deseando que alguien se las ofrezca, los hombres y las mujeres que pasan de 35,  o quienes por alguna razón están solos, tienen la gran oportunidad de viajar en compañía propia.

Contrario a lo que se cree, las experiencias más bellas –como presenciar los espectaculares atardeceres de Mazatlán o escalar el cerro del Tepozteco con el corazón latiendo fuerte no solo por la altura sino por lo hermoso de la vegetación, pueden vivirse sin tener que compartirlas con otra persona. La conexión está entre uno y la naturaleza, y es, en esencia, una relación. Y la soledad, la puede uno sentir estando solo o acompañado.

Curiosa y contrariamente, cuando viajas solo, si te abres a la posibilidad de que todos los seres humanos y la naturaleza estamos conectados, te ves solo o sola en un restaurante, o puedes empezar a platicar, hacer nuevas amistades;  te quedas contigo mismo, contigo primero, para poder estar con los demás después.

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Texto y fotos por Lupita Peimbert – Especial para La Oferta.com
(Originalmente publicado el 27 de Septiembre del 2012.)


La que escribe disfruta y recomienda los viajes a solas, fuera de los usuales paseos de turista. El viaje a Mexico tuvo lugar en el 2012. Agradecemos al Hotel Playa Mazatlán por el cortés recibimiento.

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